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"EL HERMANO MAYOR"
EL MAESTRO, EL AMIGO, EL SENDERO…!No. 111



PROLOGO

Recuerdo muchas cosas hermosas en los comienzos del sendero de Iniciación Real así como llevo en el corazón a muchos personajes que marcaron un cambio en mi vida. Primero mis padres, mis abuelos, mis hermanos de sangre, luego los amigos, parientes, etc.., pero la verdadera familia la encontré en la GFU, una hermandad diversa, de todas las clases sociales y económicas; recuerdo a mis compañeros de Escuelas, sobre todo la más significativa e importante que fué la Escuela de Yamines, ahí empecé a conocer y relacionarme con los primeros Maestros que aparecieron en Guayaquil el H. GURU Dias Porta, el S. Hermano Mayor y el H. GURU Marcelli, así como otros miembros de la jerarquía, etc.., días hermosos para encontrarnos con nosotros mismos, de profundizar en los misterios y descubrir cosas nuevas que no se ven a diario en el mundanal ruido de la vida profana; aún recuerdo muy claramente mis clases de Yoga y el sonar del agua de la fuente que prendíamos en el momento del Relax, acompañado del bullicio de la calle J. V. Trujillo, el olor a comida que preparaba la hna. Pepita en la cocina, las quejas de los alumnos porque se les perdían los aretes, relojes, etc.., que dejaban olvidados en las duchas o en los vestidores, los vendedores que se acercaban a secretaría ofreciendo diversos productos y la foto del Maestre al pié del escritorio en donde atendíamos a los nuevos alumnos que se inscribían en el Instituto de Yoga, el mismo que tenía una sala amplia en donde llegué a contar una vez 26 alumnos que se entremezclaban sus piernas con las asanas. Así también a las piponas que preparé para su parto sin dolor, caramba, ahora me doy cuenta en que líos me metía, pero de buena fé y con la seguridad que lo que enseñábamos era bueno y no perjudicaba a nadie. Aún recuerdo a un amigo Don Julio Ycaza que tenía una dolencia en su columna hasta el punto de quedar inmobilizado a veces, tomó varias clases de Gimnasia Psico física y Yoga conmigo, con la prudencia del caso y en una semana hasta la fecha se le fué su molestia, milagro...? no se, son esas cosas raras que pasan en este caminar, así mismo, al contrabandista famoso que me invitó a que le diera clases de Yoga personal en su casa ya que tenía el mismo problema, y también mejoró mucho enviándome un pequeño obsequio en agradecimiento, en fin así podría escribir un libro de tantas experiencias vividas que las recuerdo muy claramente y con lujo de detalle. A Gladys, Delia, Eduardo, Mercedes (+), Teolinda, Piri, Felix, Jenny, Eufemia, Gonzalo, Nestor, Nelson, Marco, Adalberto, Germania, Lidia, Brito, los Montiel, Hermes, Consuelo, Rigoberto, Mariuxi, José Manuel, Carlos E., Juan Xavier y Mariuxi Jr., etc.., mis hermanos del alma y del espíritu, a quienes realmente les debo lo que soy como SER, y lo que no soy, eso se lo dejo a mi propia ignorancia por no haber llegado a ser mejor que ellos, no saben cuanto les quiero y les admiro, siempre tendrán un lugar en mi corazón y rezo y pido todos los días por su realización. Siempre estaremos unidos en la eternidad, GRACIAS.

Unidos en el ideal de nuestros MAESTRES, van mis deseos sinceros de luz, PAX.!

GAGPA Carlos Santos Puig

Guayaquil, Ecuador 7 de Julio del 2.006


¡ADELANTE CON LOS FAROLES! Pte. 2

M.R. GETULS Leonardo Phillips

 

El Rvdo. GAGPA Leonardo Phillips incensando al Hon. GURU Telésforo Linares, Guadalajara 1ro. de Mayo 2006

Muy temprano por la mañana el Maestro Estrada acostumbraba levantarse a eso de las 5 ó 5 1/4 de la mañana, y lo hacía precisamente para disfrutar del amanecer. Esa era su forma de armonizarse y de integrarse con la Naturaleza y poder admirar cara a cara -como El decía a Papá Dios; se levantaba y se ponía sus sandalias de baño, su short, sin playera, sin nada; en la parte de arriba se ponía su bata, una bata que utilizaba precisamente para irse al baño, entonces el Maestro salía esa mañana muy temprano y con tal vez una piedrecilla, tocó en los vidrios del cuarto de huéspedes que tenían para recibir hermanos. Entonces nos levantamos de súbito para damos cuenta de que era el HERMANO MAYOR en persona quien tocaba la ventana; bueno, inmediatamente salimos y el Maestro se encontraba con sus manos metidas en las bolsas de aquella bata mirando el cielo. Le oí decir: Bien, acompáñenme" y así fue: empezó El a caminar y su caminar era acompañado de pronto por el tarareo de alguna canción venezolana; de pronto guardó silencio y en aquella penumbra del amanecer escuchamos los grillos, los pájaros y todos los sonidos de la Naturaleza. El Maestro miraba hacia el cielo y nos decía: Oigan, qué maravilloso es el cuerpo de Dios". Nos quedábamos embelesados viendo las estrellas y el Maestro después comenzaba a describir cada una de las constelaciones "Miren: ahí está Escorpio y como pueden ver, ahí está Venus y ahí está Marte y vean ustedes la conjunción o la oposición..." y así el Maestro daba una clase que contenía tanto aspectos astronómicos como astrológicos, sensibles y humanos; era un momento sumamente especial, se sentía la frescura del ambiente y se sentía también la frescura de las palabras del HERMANO MAYOR. La emoción era muy grande y nosotros nos quedábamos simplemente embelesados viendo las estrellas y, de vez en cuando, bajando la cabeza para verlo a EL con su barba blanca y su pelo blanco; era el año de 1978.

Después, el Maestro tranquilamente dijo: Bien, vamos a hacer gimnasia" y buscó simplemente un terreno donde hubiera un pedazo de hierba o de tierra, extendió su tapete y su gobelino donde se encontraba grabado un león y un par de leones, se quito su bata y así, sencillamente, se subió al tapete y empezó a dirigir la gimnasia.
Practicar la gimnasia psico - física con el Maestro Estrada era algo muy especial; lo era porque el Maestro llevaba un ritmo no muy rápido naturalmente, pero sí un ritmo muy especial; un ritmo donde su voz, su respiración, su armonía, su concepción de la gimnasia, desarrollaba en nosotros, los presentes, una sensación muy especial; nos sentíamos por un lado impactados por un hombre grande, un hombre ya casi un anciano, que dirigía la gimnasia con un ritmo envidiable, que tenía una condición envidiable pero que también proyectaba una gran moralidad, una enorme sensibilidad. una enorme paz, una gran calidad humana, un amor a la Naturaleza, al ambiente, al ejercicio mismo; terminado esto nos íbamos a bañar. El Maestro salía de su casa con sus ropas blancas, y nosotros nos dirigíamos al Santuario personal del Maestro, salía con la Dalmática del Mago y se sentía inmediatamente la frescura de su aroma, Sandalwood de Ardan, la suave loción que El utilizaba y empezaba a realizar el Ceremonial Cósmico. Las personas que nos encontrábamos con él éramos 4 ó 5 y era extraordinario poder percibir en ese momento al Maestro dirigiendo el Ceremonial; al final, hincados con la mano izquierda nos tomaba de la barbilla y con la mano derecha de la parte superior de la cabeza y levantando su mano hacia el cielo nos daba su Bendición diciendo: En el Nombre del Mesías, yo te bendigo, hijo (o hija), en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que tu espíritu siga el Sendero de purificación y que Dios te libre de todo mal y peligro. Así sea", y trazaba una cruz con su pulgar en nuestras frentes besando en el centro de esta cruz y después proyectando sus manos hacia el lado derecho para retirar simple y sencillamente las energías y poder continuar con otra persona. Después venía la Enseñanza, la Enseñanza plena de riqueza; él lo hacía con 5 ó con 50 personas con el mismo entusiasmo, a él no le interesaba si se trataba de mucha o poca gente, lo importante es que 61 daba la Enseñanza y de esta forma llegaban los momentos cotidianos, los momentos de acompañarlo a hacer algunas compras, al correo, a ayudarlo a imprimir alguno de Sus Comunicados y Enseñanzas. Algunos de sus Comunicados y Enseñanzas eran tan sencillos que eran hechos en una máquina mecánica, muchas veces por Él mismo; en ocasiones había alguna persona que lo ayudaba: recuerdo como la Hermana Josefina Mendieta tuvo esa espontaneidad de permanecer un buen tiempo como secretaria del Maestro, ayudándole la Hermana Susana López que ahora vive en Nueva York, y que también se encontraba haciendo ese trabajo.



En alguna ocasión, nos sentamos a la mesa con el Maestro a comer cosas muy típicas, venezolanas y mexicanas. Generalmente él iniciaba la comida con algo de fruta, a él le gustaba mucho la papaya, las frutas tropicales; recuerdo cómo partía las manzanas y compartía la manzana con uno y finalmente empezaba con su caldo, su sancocho, su sopa, su caldo de verduras con zanahorias, papas, chayotes cortados en pedazos grandes y bien sazonados y era un excelente caldo realizado por su esposa, el Reverendo Carlota. Estábamos en ese momento cuando el M.R. hermano César Martínez que se encontraba en el lugar y haciendo algunas bromas que acostumbraba hacer con el Maestro y el Maestro se suelta también sonriendo, casi riendo, y el Maestro le decía: Ay, chico, qué preguntas; pues imagínate chico qué va a suceder: simplemente imagínate unos hermanos, van a hacer un gran Santuario y en ese Santuario van a poner un nicho y en ese nicho van a poner una figura del HERMANO MAYOR, por supuesto muy guapo, muy bien plantado, con su capa, sus sandalias, su barba y qué crees, chico: esa figura va a tener en una mano una pepsi y en la otra una arepa. Como ustedes saben, al Maestro le gustaba tomar la Pepsi-Cola, un refresco no muy aceptable para quienes les gusta el naturismo y que finalmente el Maestro lo utilizaba como un gusto muy personal, tal vez como una cachetada con guante blanco para mucha gente y simple y sencillamente como una Enseñanza. Otra de las cosas que al Maestro le gustaban mucho, eran precisamente los bolillos de pan blanco al natural, la baguette, en este caso el bolillo, el bolillo mexicano, puesto al horno con mantequilla y azúcar era lo interesante, no nada más la mantequilla sino el azúcar y después de esto también gustaba de comer las arepas venezolanas, las tradicionales gorditas de maíz blanco con maíz cacahuazintle que se utiliza en Venezuela y que se rellena con queso, con guisados, etc. Entonces de ahí que el Maestro dijera que en una mano tendría una pepsi-cola y en la otra una arepa.

Bien, pues el Maestro Estrada efectivamente tenía una forma de comer muy peculiar, él comía 2 veces al día nada más. Primero, tal vez por la edad, segundo, porque acostumbraba a sentirse bien, no era un hombre muy comelón, aunque han habido otros grandes Maestros muy comelones. Entonces, Él sencillamente se levantaba, hacía sus actividades, su Ceremonia Cósmica aunque ya en las etapas que yo tuve oportunidad de tratarlo EL podía hacer la Ceremonias Cósmica cuando quisiera, no tenía que hacerla a diario, la hacía cuando tenía tiempo, cuando tenía oportunidad, porque se encontraba en su Vyutthana (libertad de oficiar o no) y en esa etapa, el Iniciado tiene oportunidad de ir viviendo en el Ceremonial, EL está en contacto directo con Dios y no necesita estar realizando esa actividad de manera especial.

El Maestro después de la Ceremonia tomaba un jugo de naranja -era su bebida preferida con la pepsi o un té; normalmente era el jugo. Llegaba así a sus actividades, respondía cientos y cientos de cartas directamente y Él mismo se sentaba en las máquina aquella muy antigua, y digo antigua porque aunque había máquinas mejores, pues el Maestro vivía muy sencillo y vivió sencillo simplemente porque no habían muchos discípulos que entendieran la talla de las necesidades del Maestro. Entonces se ponía a escribir, respondía las cartas y se iba a trabajar al Ashram a diferentes actividades del mismo Ashram, supervisar alguna construcción o El mismo llegó a colocar piedras desde la entrada del Ashram hasta su casa; entonces. llegando el medio día, a eso de las 12, el Maestro tomaba algún desayuno. Era un desayuno o un almuerzo que consistía normalmente de frutas, de sopas y verduras y algo ligero v a eso de las 6 de la tarde era cuando comía fuerte.

Lo interesante es que siempre había gente a su alrededor. Recuerdo una ocasión en que decidimos seguirlo hasta el Ashram; yo prácticamente convivía viernes, sábado y domingo con él normalmente; entonces en esa reunión tomé el coche y seguí al hermano Alfredo Herrera que era el chofer en turno del Maestro en ese momento, un Hermano que entonces era M.Gn. y Io seguimos y entonces me dijo Alfredo: Pues vamos a ir a varios lugares ¿quieres ir? Magnífico, le contesté. Entonces todos nos subimos al coche y nos fuimos siguiendo al Maestro desde México hasta Chipilo, Puebla y ahí se detuvo el Maestro a comprar quesos; a él le gustaba mucho comprar bastantes cosas de comer; yo decía: Bueno, ¿para qué le gusta comprar tantas cosas de comer si ellos sólo son 3 personas, el Maestro, su esposa y su hijo? y bueno, compró quesos de todo tipo, compró crema; nos dijo: Vamos a Puebla a comprar camotes, dulces y demás, entonces nos detuvimos en un mercado y ahí pidió las tradicionales semitas de quesillo con pápalo. El Maestro era venezolano, entonces si algo estaba sazonado con chile era diferente, pero no comía chile directamente. Después llegamos así a Orizaba y después de haber pasado por varios lugares deteniéndonos a comprar todo, hasta las pepsis, pronto llegamos a Orizaba a una Conferencia que 61 iba a dar, una Conferencia para unas 600 personas. Lógicamente en la Conferencia era muy tradicional, en ellas siempre empezaba por describir cuáles eran los objetivos en la G.F.U., cuál era la misión que lo llevaba ahí, cual era la Misión del Dr. Serge Raynaud de la Ferriére, como decía él: "mi Muy SUBLIME MAESTRE" y después de eso, comenzaba con una serie de comentarios que rayaban en los chistes, contaba muchos chistes y ponía a reír a toda la gente y pasaba de lo serio al chiste y del chiste a lo serio con una gran facilidad; total, que entonces la situación fue que partíamos al día siguiente porque tuvimos que quedarnos en el lugar y de ahí empezamos a recorrer la Sierra, es decir, desde el Pico de Orizaba hasta Coatepec, Ver., pasando por varios poblados, deteniéndonos en Xico un lugar muy hermoso y finalmente en Coatepec. Al llegar a Coatepec, detuvimos los carros, se bajó el Maestro, me acerqué a él y le dije: ¿Se le ofrece algo, Maestro? No, chico; vamos al mercado. El acostumbraba mucho decir chico porque era venezolano, una expresión que se usa mucho en toda la cuenca del Caribe. Llegamos al mercado y empezó a ver la fruta y la verdura mientras que los demás andaban haciendo sus compras. Alfredo y yo acompañábamos al Maestro y el Maestro empezó a escoger fruta, a escoger mangos, a escoger plátanos y después nos dijo: Bien, vamos a la carnicería", ¿A la carnicería? Si, vamos a comprar la carne para los perros del Ashram, nos contestó y alguien que estaba por ahí le preguntó: Maestro, pero los perros ¿no pueden ser vegetarianos? Momento, chico, los perros son carnívoros y debemos darles su carne.

Me encontraba en el Ashram Interno, cuando de pronto, vi caminar al Maestro Estrada en dirección a la casa de la Rectoría. Me acerqué al Maestro y le pregunté:
Maestro, ¿puedo acompañarlo?
¡Claro, hijo; cómo no!
Caminábamos lentamente, y de repente, vi la posibilidad de preguntarle algo.
Maestro, ¿puedo hacerle una pregunta? ¡Por supuesto, chico!
Nosotros, los discípulos, o los discípulos de Usted, ¿realmente cambiamos? ¿cambiamos con el tiempo y con la enseñanza que Usted nos da?
Caramba chico..., ¡qué pregunta! bueno; mira: la verdad es que muy pocos son los que cambian hijo. -yo me quedé realmente estupefacto y le dije-: Maestro, pero y las disciplinas y todo lo que Usted nos enseña, ¿no sirven? ¿no sirven para cambiar?
Bueno, hijo... esto es un medio y es muy bueno y ¡sí sirve! pero si tú no quieres cambiar, va a ser difícil que logres un cambio; además, cambia el que quiere, el que puede y cambia el que realmente está preparado para hacerlo.
Volví a insistir: Maestro, y entonces ¿cuánta gente cambiamos o cambian?
Bueno hijo, realmente son muy pocos; me sobrarían dedos de las manos para decirte exactamente cuántos. -Me dejó más sorprendido y le dije-: Maestro, pero, ¿es tan difícil?
Claro, mi 'hijo: es muy difícil; por eso hay Iniciados y Altos Iniciados. Los Iniciados logran ciertos cambios, logran adaptarse, logran conocimientos, logran alcanzar un Grado, pero los Altos Iniciados sencillamente logran todo eso y más, cambian totalmente su conducta, cambian su forma de ser y se convierten en una Luz en el Sendero. Esta enseñanza me pareció muy impactante y a los pocos momentos tuve oportunidad de hacerle otra pregunta en otro sitio:

Maestro, ¿es posible conocernos?, ¿es posible conocer este universo? y el Maestro respondió:
No hijo, no es posible. DIOS es infinito, y sólo a través de la forma humana comienza a conocerse a Sí Mismo. Pero comienza a conocerse y continúa conociéndose y no para de conocerse, y tú, al igual que yo, estamos haciendo lo mismo, pero he ahí lo hermoso hijo: no importa qué tanto te conozcas, siempre habrá más y más".

Platicar con el Hermano Mayor (H:.M:.) era tan enriquecedor.., por supuesto era impactante, y se sentía uno de pronto muy pequeño y de pronto también nos brindaba una amabilidad y consideración tan grandes que uno podía, de alguna manera, sentirse "importante" a su lado.

En otra ocasión, el H:.M:. nos platicaba en el Ashram de Cuautla cómo es que el Iniciado, el Alto Iniciado, hace un trabajo que ya está definido, cómo es que ese trabajo sirve para la evolución y sirve para que el Plan Cósmico funcione, y como el Hermano Mayor estaba realizando un trabajo muy especial, muy amplio, y requería en ocasiones de nuestra colaboración. En ese momento, recordé una impresionante anécdota que semanas atrás habíamos vivido con El: era el 1° de mayo de 1982, prácticamente en vísperas de su desaparición física y eran los momentos en que estaba la guerra de las Malvinas, entre Argentina y el Reino Unido. El Maestro, antes de la Ceremonia, nos dijo:

En este momento hay guerra en Argentina y no quiero que esta guerra siga adelante. He tomado la decisión de hacer un trabajo y ustedes, si lo desean, me pueden ayudar.
Nos sorprendieron mucho las palabras del Maestro; era precisamente el día en que visitábamos ese lugar, entre los cuales había Gegnianes de las escuelas 1 y 2 de la Ciudad de México; entonces, el Maestro nos pidió que, justamente antes de la Oración Universal, nosotros hiciéramos con él un trabajo. El H:.M:. abrió sus brazos y pronunció algunas oraciones que no alcanzamos a escuchar, pero que indudablemente, nos hicieron sentir una enorme fuerza, una sensación muy especial e indescriptible. Terminada la Ceremonia, el Maestro dio su Enseñanza como era costumbre, habló de esa guerra, nos dijo que no habría más de 3 días con guerra en aquel lugar y así fue; al tercer día, la guerra había terminado y se habían iniciado las pláticas de paz entre el Reino Unido y Argentina por estas islas ese mismo día. Aquella mañana, en la Enseñanza después de la Ceremonia Cósmica, una hermana. hoy con el Grado de Reverendo Gag-Pa, llamada Rafaela Calvo, se atrevió a preguntarle al Maestro algo bastante fuerte; le dijo:

Maestro, yo he sido criticada porque me dicen que soy fanática del Hermano Mayor y, bueno, aquí ante los hermanos y en público, yo le pregunto a Usted si esto es malo o es bueno; yo soy fanática de Usted, Maestro. ¿Qué me puede decir al respecto?

El Maestro sonrió, se acarició la barba y nos dijo:

Mira chica, miren, el HERMANO MAYOR está aquí con ustedes, José Manuel Estrada también lo está, y cuando Estrada deje de existir, el HERMANO MAYOR seguirá entre ustedes, con ustedes. Nuestra hermanita pregunta algo muy interesante y ahora yo les preguntaré qué sucede si se acaban los fanáticos del futbol, díganme, ¿qué sucede? y los hermanos contestan: Se acaba el futbol. ¡Claro! y, ¿qué sucede si se acaban los fanáticos del béisbol? Se acaba el béisbol ¡Por supuesto! y ¿qué sucedería si se acaba ese tipo de fanáticos del Hermano Mayor? todo mundo soltó una carcajada, mientras el Maestro siguió explicándonos que, precisamente en ese momento, en ese instante y en ese día, el Hermano Mayor estaba ahí presente, entre nosotros, a través de la forma humana de José Manuel Estrada, pero que el HERMANO MAYOR, la Fuerza Cósmica, la presencia Crística del Aquarius en la parte terrestre, estará con nosotros siempre, pues forma parte de nosotros: nos recordó también aquella Enseñanza, donde dice cómo el HERMANO MAYOR somos todos y que el HERMANO MAYOR continuará trabajando a través de todos los que Lo conocimos y también con los que en un momento dado no Le conocieron, pero que están comprendiendo Su Enseñanza y que la están viviendo. Están colaborando con esta Fuerza Crística.

En otra ocasión, estaba el Maestro platicando con nosotros acerca de la necesidad de que los discípulos entendiéramos bien sus palabras, de que no tomáramos el rábano por las hojas, de que tratáramos de interpretarlas lo más correctamente posible. Así, le preguntábamos: Maestro, cuando Usted, pasado el tiempo, pasados muchos años, cien, doscientos años, y no esté con nosotros,
¿cómo es que vamos a interpretar sus palabras?

Bueno, mis palabras se han grabado, mis palabras están escritas, pero mis palabras al escucharlas ustedes comienzan a vivirlas, transformarlas en carne, comienzan a convertirse en una realidad y si ustedes lo desean, ustedes mismos lograrán que esas palabras no se pierdan, continúen, estén vigentes, sean leídas, escuchadas o transmitidas a través de anécdotas, de chistes, de dichos, y dirán ustedes: Así hablaba el H:.M:., así comía el H:.M:., así opinaba sobre esto o aquello el Hermano Mayor" y créanmelo, que esto es mucho más valioso todavía que otros medios de comunicación". Así, el Maestro buscaba la oportunidad de comentar la vida y sus detalles con nosotros; por eso, siempre era oportuno acercarse a Él en cualquier momento. Había personas que se acercaban para preguntar cosas aparentemente fuera de lugar, ideas necias e inclusive chismes. El Maestro tomaba siempre en cuenta a todos y era impresionante ver cómo escuchaba de pronto el chisme de un hermano, de una hermana, le ponía atención, le daba orientación y dejaba ir al hermano tranquilo; después, si era necesario, confrontaba simplemente con aquélla persona que estaba involucrada y Él nos decía: (Todo cae por su propio peso chico; no te preocupes. El Maestro siempre tuvo un don muy especial, ese don de saber escuchar, de saber dirigir el mensaje, de saber orientar al discípulo. Nunca rechazó a un discípulo, aunque hubo momentos en donde aprovechó la circunstancia para dar una fuerte Enseñanza.

Recuerdo que en una ocasión salíamos de la Escuela de Gegnián en la Ciudad de México, era una tenida, en esa tenida el Maestro vio su reloj y decidió terminar, cerró los trabajos, salió del salón y con EL acudimos nosotros a su departamento en la Casa Sede de Insurgentes 226; prendió la T.V. en blanco y negro, pequeña que tenía colocada sobre una mesita y se sentó en un pequeño banquito y nosotros nos sentamos en el piso; empezó la telenovela llamada "La Colorina" y esta despertaba interés en el Maestro. Él se encontraba entonces viéndola con sus manos colocadas bajo las barbas y los codos sobre las rodillas, muy atento; transcurrieron unos cuantos minutos, cuando de pronto se escuchó venirse abajo la puerta; el Reverendo Carlota acudió a abrir, y se escuchó:

¿Está el Maestro?. (Sí está le dijo ella pero está ocupado, hijo.
¡Es que quiero hablar con él! el hermano se metió como de rayo, entró hasta el lugar donde el Maestro se encontraba viendo la T.V. y le dijo-: ¡Maestro. quiero hablar con Usted, es urgente! ¡necesito hablar! El Maestro lo miró y volvió a la T.V. y no le hizo caso. El hermano volvió a insistir y el Maestro volvió a mirarlo y le dijo: Mira, chico: salte, cierra la puerta, toca decentemente, te esperas a que se te abra y con mucho gusto te atenderemos. El hermano era un compañero nuestro, un Gegnián. Dicho hermano se sintió realmente impactado, salió, cerró y volvió a tocar, decentemente, mientras que el Maestro, tranquilamente, siguió viendo la T.V.; segundos después, se volvieron a escuchar ciertos toquidos y entonces el Maestro le dijo al Rev. Carlota: Carlota, ¡parece que tocan! Sí, Maestro; ¿quién será? ¿Quién será, de veras?...ve a abrir, por favor, veamos qué necesita ese hermano." Todos pues, sonrientes, nos mirábamos unos a otros y el Maestro siguió viendo la tele, mientras su esposa llegó a la puerta, abrió, se escuchó la misma pregunta y contestó: Sí, pero está ocupado y en este momento no te puede recibir, así es que permíteme un momento. voy a preguntarle a ver si es posible. Cerró la puerta, llegó hasta el Maestro y le dijo: Maestro, se trata del hermano Adán Santamaría que desea hablar contigo Ah, vaya chica, sí, ya sé de qué hermano se trata; muy bien, mira: dile que estoy ocupado, que si gusta venir mañana como a eso de las 10 u 11 de la mañana, yo con mucho gusto lo recibo." De esta manera, el Reverendo fue hacia la puerta, le transmitió el mensaje al hermano, cerró la puerta y seguimos viendo la T.V. Después de este acontecimiento, el hermano aludido, sumamente enojado y hasta cierto punto conmovido por la circunstancia, hizo una carta bastante amplia en la que comunicaba a la hermandad entera y a su Escuela, que el Maestro no lo había recibido para tratar un asunto de la Institución por estar viendo una telenovela, la que además era de mal gusto, y que el Maestro, en vez de dar una Enseñanza, prefería ver telenovelas. Así, la carta se difundió por todos lados, la gente la leyó, algunos se rieron, otros se enojaron y otros, sencillamente se quedaron pensando en el hecho: pasó una semana y justamente en la tenida inmediata siguiente a la de la semana anterior, entró el Maestro, nos saludó y nos dijo porqué El veía telenovelas y porqué un MAESTRO de su talla tenía todo el derecho de hacer lo que se le pegara la gana. Nos hizo reír, nos hizo reflexionar y después de poner barrido y regado a nuestro querido hermano antes citado, vio su reloj que usaba en la mano derecha, en la parte anterior del brazo y entonces dijo: Muy bien chicos, pues vamos a cerrar, porque el Maestro tiene que ver su telenovela y así fue: cerramos y todo mundo se fue a su casa y un hermano inclusive dijo: "Vamos a ponemos en contacto con el Hermano Mayor viendo "La Colorina".

En otra ocasión, nos encontramos después de una deliciosa comida también en casa del Maestro, allá en el Ashram Interno de Coatepec, cuando se acercaron a él dos hermanos, padre e hijo, ambos Getuls; venían de Ensenada, Baja California Norte y empezaron a platicar con el Maestro y nosotros escuchando; la charla tenía que ver con el trabajo bien realizado y en especial el hermano de mayor edad le decía: Maestro, yo he trabajado mucho, tengo muchos anos de Getuls, he hecho muchas cosas y no se me reconoce, y los hermanos me tratan mal.., y bueno, bueno, he hecho muchas cosas y la verdad es que yo me siento mal, me siento incómodo; ¿cómo es posible, Maestro, que después de tanto trabajo...? El Maestro dice de pronto: Bueno, basta, chico, ya te he escuchado bastante, ¿quieres tú saber por qué el HERMANO MAYOR ha dado cruces? en ese momento, volteó a verlo, se nos quedó mirando, se dio cuenta de que éramos Medio Gegnián tal vez, y nos dijo: ¿Y ustedes qué pitos tocan aquí?, No, Maestro, ya nos retirábamos, perdón; ya nos íbamos para que ustedes continúen platicando.., o, no, ahora quédense, para que escuchen. Nosotros, encantados, nos quedamos y el Maestro continuó diciendo: Mira, yo he dado cruces por tres causas, tú las conoces, tú sabes cuáles son esas tres causas. El hermano se cohibió y no supo qué decir. El Maestro continuó y dijo: Mira, la primera razón por la que yo he dado una cruz es porque trabajan, aunque sean unos brutos, mi 'hijo; aunque sea un bruto el hermano, yo tengo que darle una cruz y, ¿sabes por qué? porque trabajó, sencillamente por eso: desgraciadamente es bruto, y eso no es tan fácil de quitar. Nos reímos, el Maestro continuó hablando y dijo: La otra causa por la que he dado cruces, es porque el hermano trabaja sobre sí mismo, trabaja fuertemente sobre sí mismo y bueno, merece una cruz, aunque parezca que no hace nada por la Institución y después, el Maestro le dijo al hermano y a nosotros: La tercera causa por la que he dado una cruz es porque ha alcanzado un estado de conciencia. chico; y tú sabes qué es eso. sabes lo que es el estado de conciencia: aunque la persona parezca que no hace gran cosa por la Institución, aunque parezca que no trabaja mucho sobre sí misma, tiene estado de conciencia; ahora dime tú, ¿a cuántos les he dado yo el Grado o la cruz que hayan realizado las tres cosas? tú dime: ¿cuántos?..., ¿verdad que me sobran dedos de las manos, chico? y así terminó su enseñanza de esa tarde.

En el ano de 1978 tuve el privilegio de acudir con el Maestro a un viaje que, sin ser largo, sí incluía 3 días más o menos de actividades; habíamos sido invitados por el Hno. Cayetano Ceballos a desarrollar un trabajo con la gente de Pemex a la Ciudad de Tampico, Tamaulipas.

El Maestro había sido invitado y él a su vez decidió invitar a algunos discípulos, entre los que estaban Ramón y Judith de Michán, Guillermo Arenas, Vicky Fernández. Antonio Estrada, Elsa Aguirre y Goulven Elles; entre ellos iba Leonardo, un servidor; entonces, con el Maestro y su esposa acudimos al aeropuerto y nos fuimos a Tampico. Llegamos. nos instalamos en un hotel de Pemex y empezamos a desarrollar las actividades que se nos habían pedido: clases, cursos, conferencias; prácticamente, un despliegue enorme de dinero y de esfuerzo y, curiosamente, quien nos había invitado era el líder petrolero apodado La Quina, quien es del signo Leo y este señor conoció entonces al Maestro Estrada y prácticamente también inauguró en esa ocasión un Instituto de Yoga, muy bien montado por cierto, con los baños y todas las características necesarias. El Maestro desarrolló sus actividades, ofició su Ceremonia, dio algunas Enseñanzas, convivimos con El y paseó, mientras que nosotros también dábamos las conferencias. Lo interesante fue que cuando nos tocaba dar alguna conferencia el Maestro estaba ahí, entre el público, sentado hasta adelante, muy atento, escuchando lo que nosotros decíamos. Era impactante tener nada menos que al Maestro como público: al menos para mí, fue un impacto impresionante estar mostrando transparencias con pinturas mías y de otras gentes hablando de arte, de pintura y tener entre el público al Maestro; era extraordinario.

Llegó el día de la Conferencia del Maestro, la Conferencia Magistral, una de las más importantes: Se reunieron alrededor de unas 2000 personas, a las que metieron en un gran galerón, parecido al Teatro Ferrocarrilero de la Cd. de México y entonces, en ese lugar, el Maestro fue presentado por el Rev. Gag-Pa Ramón Michán, quien tiene una voz muy delgada y era simpático escucharlo; luego subió el H:.M:., quien me hizo la seña de que me acercara a él y me dijo: m´ hijo, quita todos los micrófonos; eran 6 micrófonos y yo le dije Maestro, ¿ya vio Usted el tamaño de este lugar?, es enorme y la gente no va a escucharlo. Te he dicho que los quites, no te he preguntado nada; y yo obedecí, quité los micrófonos y bueno, todavía con una enorme duda, me fui hasta un extremo, hasta la parte más lejana del Maestro para escuchar si era posible oír su voz, y así fue. El Maestro inició la Conferencia diciendo como acostumbraba Honorable concurrencia... pues bien, la Conferencia se escuchó perfectamente en todos los rincones de aquel lugar; pasarían tal vez unas 3 semanas de este evento, cuando me tocó ir al Ashram Interno con El. Estaba en Zimpizahua, ya que todavía no se inauguraba la Casa de la Rectoría; él estaba habitando el lugar donde hizo Su Retiro y precisamente ahí estuvo al pendiente de algunas actividades de construcción del Ashram. El decía que le urgía que este lugar iniciara a trabajar para poder preparar a los discípulos que debían salir por el mundo a misionar; días después. estando el Maestro en este lugar, una tarde y acompañado por nosotros el Hno. Carlos Iturbe y un servidor nos dijo: ¿Me pueden acompañar? y se dirigió al Hno. Carlos: ¡Me puedes llevar m' hijo en tu coche a dar una conferencia?, Por supuesto, Maestro; a la hora que Usted diga. Y así fue: el Maestro se subió al auto, un auto pequeño, un Volkswagen; nos sentamos con él. me senté yo atrás y empecé a observar cómo el Maestro tranquilamente empezó a tamborilear con sus dedos sobre la parte frontal del carro y al mismo tiempo le dijo al Uno. Mira, chico, por favor no a más de 80 Km.; te vas tranquilo y calmado. Carlos, que de por sí estaba nervioso, pues se puso un poco más y se soltó una lluvia tan fuerte. tan impresionante, que realmente no sabíamos si íbamos a navegar en aquella carretera y así fuimos durante quince minutos en medio de una lluvia torrencial. Llegamos a Xalapa y nos acercamos al lugar donde se desarrollaría la Conferencia, un sitio llamado Xallitic allí en Xalapa, y como por arte de magia, paró la lluvia, dejando la tierra con un olor muy agradable a tierra mojada y nos bajamos del coche para acompañar al Maestro al lugar. Llegamos y lo más interesante es que había alrededor de unas 30 ó 40 sillas; un Hno. recibió al Maestro y vi que las sillas estaban totalmente vacías. De pronto, llegaron 2 personas y con el Hno., otro Hno. más y nosotros dos, daba la hora para iniciar. Él Maestro vio su reloj y preguntó al anfitrión, que era un Hno. Medio Gegnián, si podíamos comenzar la Conferencia. El Maestro tranquilamente se colocó en el lugar del conferenciante y nosotros le preguntamos si no sería bueno esperar a más gente, y contestó: No, chico; los que llegaron en este momento son a quienes les interesa la conferencia; hay que comenzar… y así inició su conferencia como El acostumbraba, diciendo "Honorable concurrencia". Éramos 6 personas: 4 invitados y nosotros 2; realmente yo me sentía muy, muy molesto con todo, con la hermandad, con la circunstancia, en fin. Terminó de dar Su Conferencia, Su Enseñanza, acabó de responder algunas preguntas que se le hicieron; nos subimos al coche y entonces comenzó otra vez a cantar. Carlos y yo en silencio y ya a medio camino, se me ocurrió preguntarle: ¡Maestro!, ¿puedo hacerle una pregunta? Claro, chico, ¿de qué se trata?, ¿Maestro, ¿cómo es posible que hace alrededor de quince días estábamos con Usted en Tampico, Tamaulipas y había más de 2000 personas o alrededor de ese número, sentadas esperando escucharle y dio una Conferencia Usted?, ¿cómo es posible que ahora únicamente hubiera 6 gatos, 6 tristes galas escuchándolo ¡no es justo Maestro! pues sí, Maestro: ¡no es justo que en este lugar haya tantos hermanos y que no pueden organizar una conferencia para Usted! ¿cómo es posible que haya habido más de 30 sillas vacías y solamente 6 personas escuchándolo?. El Maestro volteó un poco, se sonrió, me miró y me dijo: Mira m´hijo tú lo has dicho, allá habían 2000, aquí habían 6, ¿cuántos crees tú que de esos 2000 hayan entendido el mensaje?.

El Maestro Estrada siempre se dirigía a un pequeño grupo o a un gran público con el mismo entusiasmo. Era impresionante escuchar cómo le imprimía a sus palabras todo el sentimiento, se sentía esa fuerza y, sobre todo, ese entusiasmo. La Enseñanza siempre tenía la misma calidad, a él le daba lo mismo atender a uno que a 1000 y cuando atendía a uno o a pocos aún así, era algo más profundo él; por supuesto que procuraba dar su Enseñanza siempre que era posible. En alguna ocasión le pregunté: "Maestro, ¿y por qué Usted donde quiera que va siempre aprovecha para hablar, para dar la Enseñanza? y El entonces me contestó: Porque esa es mi misión hijo: donde quiera que yo esté, debo de hablar y donde quiera que yo hable debo dar la Enseñanza, tal cómo es, para que todos los que me escuchen algún día la realicen. Entonces eso significa Maestro, que muchos le escuchamos y no le entendemos, ¿no? Tal vez chico; algunos no entiendan ahora pero entenderán mañana, entenderán pasado mañana y realizarán la Enseñanza. El HERMANO MAYOR, recuérdalo bien, está ahorita con ustedes, pero llegará el momento en que no esté físicamente y sin embargo la Enseñanza sí estará, seguirá adelante.

En otra ocasión me atreví a preguntarle: Oiga Maestro, cuando un discípulo suyo llega a Sat Arhat o alguno de Sus condiscípulos han llegado al grado de Sat Arhat, en la próxima encarnación ¿qué sucede, Maestro? ¿vuelve a ser el mismo personaje, vuelve al mismo lugar donde se encontraba?
Bueno hijo, en realidad, lo ganado nunca se pierde; siempre que se adquiere un estado de conciencia está ganado; sin embargo, si se deben materias, hay que regresar a pagarlas todas ellas; por eso, se puede llegar a ser un Sat Arhat y no ser un Alto Iniciado, simplemente ser un Sat Arhat; un Iniciado, entonces, si debe materias, necesita regresar nuevamente a (la Escuela de) Yamines, regresar nuevamente al inicio de su proceso y empezar otra vez a cosechar, a sembrar y cosechar, así es.